Es la 1 de la mañana; estás cansada, mañana madrugas, pero no te vas, porque él sigue conectado, y aún tienes la triste esperanza de que te hable. Entonces se te ocurre la estúpida idea de que, quizás, se ha dejado el Tuenti abierto y en realidad no está. Esa idea te acompaña el cuarto de hora, con 4 estados, 15 tablones, 30 páginas y 25 comentarios nuevos. Esa idea es lo único que te mantiene despierta. Le das a actualizar la página, él aparece el primero. Ha cambiado el estado, lo ha comentado una subnormal. Él ha respondido. Está. Está, hablando con otra. Está, pero no para ti. Entonces cambias radicalmente de pensamiento.
-Desconéctate, desconéctate, desconéctate..., si no vas a hablar conmigo tampoco con ella.
Y deseas con todas tus fuerzas que se vaya, para que paren de hablar. Y cierras su ventana con lágrimas en los ojos, pero sigue en la lista su nombre.
El número de desconectados baja. Miras. Se ha ido. Se ha ido ella también. Y de repente, te arrepientes...
-Desconéctate, desconéctate, desconéctate..., si no vas a hablar conmigo tampoco con ella.
Y deseas con todas tus fuerzas que se vaya, para que paren de hablar. Y cierras su ventana con lágrimas en los ojos, pero sigue en la lista su nombre.
El número de desconectados baja. Miras. Se ha ido. Se ha ido ella también. Y de repente, te arrepientes...


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