Yo era de esas que niñas que tenían un vestido de princesa,
y que cada vez que me lo ponía mi mundo cambiaba,
bueno, en realidad no cambiaba tanto porque a esa edad
aún no sabes el concepto de problema, pero sí, era como si realmente
fuera una princesa, a la que todo le salía bien, la que no tenía problemas,
ni malentendidos, ni malos royos, ni gilipolleces, y con los años,
el vestido me viene pequeño, y los problemas me vienen grandes.


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