Solía sentarme, para ver si volvías en la parte trasera del garaje, después de discutir siempre venías para decirme que me querías y jamás dejarías que me marchara. Ayer fue diferente, me senté a esperar durante horas, viendo pasar el tiempo delante de mi, pero no viniste, algo inusual, algo que me aterraba. Pensé que no querías volver a verme, se me acababa el mundo, era exactamente esa situación en la que piensas que ya nada puede ir peor, en la que quieres que el sol se apague, para no volver a ver nada, exactamente eso.
Necesitaba a alguien, un hombro en el que llorar, una persona en quien confiar para contarle la mierda de vida que llevaba. Pero me di cuenta de que los demás están solo por interés, que los amigos verdaderos son sólo uno de cada cien. Me levanté, era hora de irse y fue ahí cuando oí tu voz, cuando todo lo malo ahora era el paraíso.
-Pensé que te habías olvidado de mi - le susurré con la cabeza gacha.
-¿De ti? Jamás.
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